Vacunas en retroceso
26-02-2026

Una alerta silenciosa en Argentina y el NEA

Durante décadas, la Argentina fue un ejemplo regional en materia de inmunización. El Calendario Nacional de Vacunación, gratuito y obligatorio, permitió erradicar enfermedades y reducir drásticamente la mortalidad infantil. Sin embargo, en los últimos años, los índices de cobertura han descendido de manera preocupante. En el Nordeste Argentino (NEA), donde las condiciones socioeconómicas y geográficas ya representan un desafío adicional, esta tendencia enciende una luz de alarma.

El Programa Ampliado de Inmunizaciones, impulsado globalmente por la Organización Mundial de la Salud, sostiene que para lograr inmunidad colectiva se necesitan coberturas superiores al 95% en la mayoría de las vacunas del calendario. Argentina supo alcanzar esos niveles. Hoy, en cambio, múltiples reportes oficiales muestran esquemas incompletos, retrasos en la aplicación de refuerzos y una caída sostenida desde la pandemia de COVID-19.

El resultado no es abstracto: es concreto y visible. En distintas provincias del país han reaparecido casos de sarampión, una enfermedad que se consideraba eliminada. También se registraron brotes focalizados de coqueluche y un incremento de cuadros de varicela en poblaciones con esquemas incompletos. Son enfermedades prevenibles que no deberían volver a ocupar espacio en la agenda sanitaria.

En el NEA —que comprende provincias como Corrientes, Chaco, Misiones y Formosa— la situación adquiere particular relevancia. Las distancias, la ruralidad, la menor densidad de centros de salud en ciertas zonas y la circulación transfronteriza aumentan el riesgo epidemiológico. Cuando la cobertura baja, el virus encuentra terreno fértil.

Las causas son múltiples: el impacto de la pandemia en los controles pediátricos, la desinformación que circula en redes sociales, dificultades logísticas y, en algunos casos, una peligrosa percepción de que “si la enfermedad no se ve, ya no existe”. Pero la historia sanitaria demuestra lo contrario: las enfermedades no desaparecen por arte de magia; retroceden cuando la vacunación avanza.

Como actores del sistema de salud, quienes integramos la cadena de provisión sanitaria —laboratorios, droguerías, farmacias y equipos médicos— tenemos una responsabilidad que va más allá de la logística. La información clara, basada en evidencia, es una herramienta tan importante como la propia vacuna. Promover la actualización del calendario, facilitar el acceso y acompañar campañas de concientización son acciones concretas que contribuyen a proteger a la comunidad.

La baja en los índices de vacunación no es un dato estadístico más: es un llamado de atención. Recuperar coberturas óptimas no solo previene brotes; preserva uno de los mayores logros de la salud pública argentina. En el NEA y en todo el país, volver a confiar en las vacunas no es una opción ideológica, sino una decisión sanitaria estratégica. Porque cuando la vacunación retrocede, las enfermedades avanzan.